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kontratiempo

Madrugada.

Las noches de verano sólo son tristes cuando no hay nadie con quién compartirlas. Parecen domingos de invierno.

Se derraman las madrugadas sobre la ciudad ruidosa (por eso no duerme, nunca) y me encuentran siempre despierta, contando las estrellas que no puedo ver a través de una luz que llena el cielo y no es de luna.

La cama revuelta a pesar de lo que echo de menos al que solía deshacerla conmigo.

Una, dos, tres.. sirenas de ambulancia me embriagan con su estruendo, eso es lo que puedo contar en vez de estrellas, en vez de olas del mar. Y ese recuento no me llena de paz, sino que me revuelve la tristeza que vive en el fondo de mi estómago desde que te fuiste.

 

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